Iker rompe el maleficio

"¿Alguien había visto a Casillas de negro en este torneo?" "No me suena". "En el Madrid alguna vez, pero en la Eurocopa...".
Seguro que mucha gente se hizo la misma pregunta. Y la respuesta, hablando de este torneo, es, efectivamente, no. De hecho, el meta había pedido esta equipación expresamente para la Euro, pero la huelga de transportes le impidió lucirla hasta el partido de cuartos.
Y lo cierto es que Iker escogió un buen día para estrenarla. Quizá a Luis, tan picajoso con algunos colores, no le hizo demasiada gracia. El negro se suele asociar con el luto, con la muerte, con una desgracia. Y con las rayas de Adidas amarillas. Lagarto, lagarto...
Pero no. Iker, en realidad, había ido a buscar la solución del problema a su punto de origen. Para ser exactos, al 17 de junio de 1964, diecisiete años antes de que el capitán español viniera al mundo en Móstoles. Aquella noche tan lejana, hundida en la historia, Marcelino tumbaba en el Bernabéu al mito, al gran Lev Yashin, el portero que, vestido siempre de negro impecable, se había rodeado del aura de invulnerabilidad propia de los elegidos. Sólo un portero, él, ha ganado el Balón de Oro. Por algo será.
Casillas, simplemente, repasó la cinta del 64 (es de suponer que la buena) y decidió copiarle el diseño a Yashin. Completo, camiseta y pantalón. El meta sabía que algún día tendría algo que decir en la Eurocopa. Y qué mejor que hacerlo ante Italia, el equipo cuya meta guarda el hombre que disputa al madridista el título honorífico de mejor portero del mundo.
Un asunto personal
La verdad es que los dos estuvieron a la altura. Buffon tuvo más tarea, y hasta se permitió un error del que le salvó la proverbial flor italiana en las grandes citas. Sin embargo, el tiempo se agotó y la tanda de penaltis convirtió la cuestión en un asunto personal.
A Iker se le veía relajado antes del tiroteo. Quizá incluso demasiado. También lo estaba Buffon, con quien intercambió chanzas en el sorteo. Los dos quedaron divinamente en las fotos, muy profesionales. Casi 'sobraos'. Luego, Iker demostró que no era una pose. Estaba tranquilo, de verdad. Paró dos de los cuatro penaltis que le lanzaron, y dio toda la impresión de que, si hubiera hecho falta, hubiera atajado un par de ellos más. Cesc puso la firma en el tratado más revolucionario escrito por el fútbol español en los últimos 24 años, pero fue la noche de Casillas, 'La Araña del Prater', como se llamaba en tiempos del gran icono soviético. Seguro que a Yashin, el hombre que detuvo 150 penaltis en su carrera, no le importa que le haya salido tal 'imitador'.
Santiago Segurola




